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Cuidado emocional en la niñez
En los primeros años de vida se posee una importante plasticidad cerebral, por lo tanto es una etapa importante, ya que el aprendizaje es la base principal del desarrollo cognitivo.
Dar educación emocional a los niños, es irles enseñando a enfrentarse a los problemas que se les van a ir presentando a lo largo de su vida. Si hablamos de inteligencia emocional, nos referimos a las habilidades que sirven para reconocer nuestras emociones y así gestionarlas. Esta acción les permite incrementar la percepción del control sobre aquellos que les ocurre esto es para un adecuado desarrollo de su autoestima y autoconcepto.
Él enseñarles a compartir y expresar sus emociones sin ser criticados ni juzgados ayuda al desarrollo social y hacer niños con una tolerancia a la frustración adecuada. El tener amigos los hace sentir parte de un grupo y es otra forma de sentir apoyo, pueden compartir experiencias, otro tipo de intereses etc.
¿Cómo cuidar la salud emocional de los niños?
Muestras de cariño: Es fundamental que los niños sientan el cariño de sus padres, no solo con palabras, si no también gestos, abrazos y besos.
Enseñarles a comprender sus emociones: Los niños también siente enojo, miedo y no son capaces de entender, a qué escucharlos para que se sientan apoyados y puedan reflexionar sobre la emoción.
Límites: El poner limites a tiempo es fundamental para su desarrollo emocional, ya que esto los puede ayudar a tener una buena tolerancia a la frustración.
Escucharles: Los niños también tienen sus propias opiniones y es esencial la escucha activa, observa en lo que dicen, cómo lo dicen, y haz preguntas para que ello se sientan escuchados.
Señales físicas: Sueles manifestarse los problemas emocionales por medio de problemas para dormir, dolor estomacal, nausea, en ocasiones dolores de cabeza.
Pasar tiempo con ellos: Disfruta de ellos, pasea, juega lee, inventa juegos.
En caso de que sea necesario acude al psicólogo con tu hijo, para que le ayude a conocer, controlar y expresar sus emociones.
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¿Conoces qué es el síndrome de burn out?
El síndrome de Burnout (SB) o síndrome de sobrecarga, fue declarado en el año 2000 por la Organización Mundial de la Salud (OMS), como un factor de riesgo para la salud mental, por las consecuencias físicas, cognitivas y emocionales que conlleva.
Es un proceso en el cual las personas se encuentran agotadas emocionalmente y físicamente, experimentado una falta de energía o motivación para desarrollar las actividades con normalidad. Las personas se viven con un grado elevado de estrés, y dejan pasar un largo periodo de tiempo sin atenderse y sin llevar estrategias de autocuidado.
El SB se puede presentar en diversas áreas, sin embargo se ha identificado en el área laboral y de salud. En el área laboral, se presenta en aquellas personas que durante un periodo de tiempo han experimentado un alto nivel de ansiedad debido a las múltiples actividades que tiene que desempeñar. La persona con SB posiblemente dará un servicio deficiente a en su trabajo, será inoperante en sus funciones o tendrá mayor ausentismo, exponiendo a la institución en que labora a pérdidas económicas y fallos para alcanzar sus metas.
En el área de salud, se han identificado en aquellos cuidadores primarios de pacientes con enfermedades degenerativas o que requieren una atención la mayor parte del tiempo por presentar un grado de dependencia. Se pueden presentar en el personal de salud o en cuidadores primarios, como un miembro de la familia. En el contexto de la pandemia por COVID-19, se ha visto un incremento de este síndrome debido a la sobrecarga que experimenta el personal de salud.
Backus y Heyn (2017), mencionan algunos signos y síntomas del estrés y la carga del cuidador, los cuales se pueden dividir en las siguientes áreas:
- Física: fatiga, agotamiento, problemas para dormir, disminución de la fuerza y resistencia
- Psicológica: irritabilidad, ira, depresión, incapacidad para concentrarse, dificultad para recordar.
- Financiera: pérdida de empleo o dificultad para mantener las responsabilidades laborales
- Social: tendencia al aislamiento
¿Existe tratamiento para el SB?
Intervenciones orientadas al bienestar y establecimiento de las habilidades de afrontamiento del cuidador. Se ha visto que el conocimiento sobre la enfermedad y aprender a reconocer los comportamientos alterados subyacentes de la enfermedad, puede ser muy útil para disminuir los niveles de ansiedad en el cuidador (Sörensen el al., 2002; Zarit, 2008).
Intervenciones psicoterapéuticas, principalmente aquéllas enfocadas en la modificación del comportamiento: las técnicas cognitivo-conductuales favorecen la restructuración cognitiva y modifican los pensamientos negativos que afectan al cuidador, mejorando en éste su calidad de vida y disminuyendo sus niveles de sobrecarga y depresión (Losada-Baltar, Izal-Fernández de Trocóniz, Montorio-Cerrato, Sörensen et al., 2002; Vázquez, Otero, López, Blanco & Torres, 2010; Zarit, 2008).
Intervención enfocada a mejorar el rendimiento cognitivo disminuido en cuidadores de pacientes dependientes expuestos a estrés crónico. Las personas pueden presentar errores constantes de atención, memoria, fluidez verbal, entre otras.
El mejor lugar para identificar dichos síntomas es el consultorio con un especialista, debido a que los cuidadores suelen acompañar a sus pacientes a las citas médicas, por lo que el profesional de la salud podrá realizar preguntas sobre las principales áreas de riesgo, cómo se están manejando y cuánta carga o estrés están experimentando. Es un espacio en el que se puede evaluar la capacidad de los cuidadores para ayudar a su paciente, así como determinar qué tan bien los cuidadores se cuidan a sí mismos y a sus propios problemas de salud, y si tiene periodos de descanso del cuidado. Existen escalas como cuestionarios, que ayudan al diagnóstico y a la pronta intervención (Zarit, 2008).
Si te identificaste con alguno de estos síntomas y tienes más dudas o comentarios sobre el Síndrome de Burn Out, no dudes en contactarnos.
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Estrés en la pandemia
El covid-19, es una enfermedad que se originó en la ciudad de Wuhan, China. A finales de diciembre de 2019, varias personas comenzaron con síntomas similares a los de una gripa, y con el paso de los días se convertía en neumonía tipo viral, que no cedía ante ningún medicamento. Al investigar sobre quiénes eran los pacientes, se les identificó como distribuidores y comerciantes en un mercado local llamado Huanan, donde se comercializaban mariscos y animales silvestres. El 31 de diciembre del 2019, las autoridades sanitarias de China, alertaron a la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre este brote. Para el 13 de enero del 2020, la OMS reportó el primer caso de covid-19, fuera de territorio chino, por lo que alertó a todos los países a tomar precauciones y medidas para detener su propagación. A pesar de los esfuerzos internacionales, la enfermedad avanzó sin tregua. Para el 11 de marzo del mismo año, la OMS prescribió a la enfermedad covid-19 como pandemia.
Gracias a los medios de comunicación actuales, la información llega de manera inmediata, así que todos los países seguían de cerca el avance de la pandemia suplicando que al llegar a sus territorios fuera más benevolente que de lo que se oía de Europa. El 28 de febrero de 2020, los mexicanos fueron testigos del primer caso en la ciudad de México y casi en paralelo otro paciente en Culiacán. El primer fallecimiento por esta enfermedad se dio el 18 de marzo de 2020. Razón suficiente para que el gobierno tomara medidas preventivas para evitar aún más la transmisión de la enfermedad. Días después se decretó la suspensión de algunos giros económicos al igual que el cierre de escuelas y universidades. El 30 de marzo, se declaró “emergencia sanitaria por causa de fuerza mayor”. A partir de entonces, a poco menos de cumplir un año, en México, ha habido 2 millones de casos y 177 mil muertos. A nivel global, México ocupa el tercer lugar en mortalidad, más no en número de casos, es decir, la gente que se contagia tiene alta probabilidad de morir. El 24 de diciembre del 2020, comenzó la vacunación para los médicos. Aunque no fue suficiente, por algo se empieza, ya que todos los mexicanos se encuentran con la esperanza de que lleguen más vacunas. Para la 3ª semana de febrero, 1 millón de mexicanos ya se han vacunado con la 1ª dosis.
Al leer lo anterior, muchos habrán sentido ansiedad y estrés, aunque se usan como sinónimos, el primero está más relacionado con una reacción emocional de alerta ante la amenaza, mientras que el estrés está más involucrado con el proceso de adaptación al medio, Los dos son reacciones emocionales, caracterizados por una alta activación fisiológica.
Ante la situación de incertidumbre que se maneja por la pandemia, el estrés puede llegar a ser extremo e incapacitar a la persona. El estrés está íntimamente ligado con las demandas y la presión de la situación (estresores internos o externos), como puede ser la pérdida de seres queridos, el aislamiento de familiares, la escases de recursos, trabajar en áreas covid, perder un trabajo, el confinamiento, las clases en línea, etc., todo esto puede desequilibrar a las personas, si no cuentan con recursos internos que les ayude a lidiar con el estrés.
El estrés es la respuesta natural del ser humano ante situaciones de miedo, tensión o peligro. Forma parte de la vida de toda persona, pero al ser excesivo puede dañar el cuerpo y la mente. Es importante considerarlo como una respuesta y no como una enfermedad. Para esto, hay que saber identificarlo por sus síntomas.
Los síntomas del estrés son:
- Conversación acelerada
- Cansancio, reducción del rendimiento, trastorno de sueño
- Reducción de las defensas
- Trastornos gástricos (úlceras)
- Dolores de cabeza, tensiones musculares
- Trastornos de la concentración
- Inseguridad y miedo
- Aumento de la presión sanguínea, aceleración del pulso
- Hipersensibilidad, erupciones cutáneas
Y para combatir el estrés, es importante, estar alerta de las situaciones generadoras de estrés, identificar la reacción ante la estimulación, aplicar medidas para combatirlo y evitar que supere los niveles óptimos.
Algunas recomendaciones son:
- Consumir una dieta equilibrada y saludable y no comer en exceso.
- Dormir suficientes horas.
- Hacer ejercicio regularmente, ya que es una forma de eliminar sustancias tóxicas, a la vez que se
- Fortalece el sistema circulatorio y muscular.
- Limitar el consumo de cafeína y alcohol.
- Reducir o eliminar el tabaco, así como no consumir drogas.
- Aprender y practicar técnicas de relajación como el yoga, el taichí o la meditación.
- Realizar alguna pausa en la jornada laboral, encontrando el adecuado equilibrio entre vida personal y profesional.
Recuerda, si la pandemia te genera estrés, y sientes que éste te bloquea, te sientes triste o con cansado la mayor parte del tiempo, sientes que nadie te entiende o no cuentas con familiares o amigos que te puedan auxiliar en momentos críticos, no dudes en pedir ayuda profesional.
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Desmentimos un mito de la psicología
La licenciatura en psicología la estudian las personas interesadas en conocer el funcionamiento de la mente, desde un abordaje dinámico, es decir, desde el comportamiento. A diferencia de los psiquiatras, quienes son médicos y su especialidad es la psiquiatría, estudian la mente humana desde la funcionalidad del estado mental. Los psiquiatras, pueden medicar, los psicólogos NO. En lo esencial, ninguno de los dos está capacitado para dar PSICOTERAPIA, para ser psicoterapeuta o psicólogos clínicos como en algunos países se les nombra, deben tener una formación en el tratamiento de los trastornos psicológicos. La especialidad en psicoterapia puede estudiarse desde diferentes escuelas terapéuticas y por consiguiente ejercerse desde diferentes marcos teóricos.
Por lo tanto: Todo el que ejerce la psicoterapia debe ser psicólogo o psiquiatra, pero no todo psicólogo es psicoterapeuta y más aun, si no es psicólogo o psiquiatra, es imposible que sea psicoterapeuta (con excepción de una formación seria en psicoanálisis).
Se vale preguntar a tu “psicólogo” dónde estudió la carrera, para corroborar que sí lo sea! Mucho ojo!
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Adolescentes y límites
Padres con hijos adolescentes ¿Por qué es difícil poner límites?
La paternidad con hijos adolescentes es una labor que requiere de un gran compromiso, colaboración y responsabilidad por parte de los padres de familia; formar, o bien “educar”, además de enfrentar factores sociales, ambientales, biológicos, implica tomar en cuenta aspectos transgeracionales (historia de vida de las figuras parentales).
La adolescencia es una etapa de transición en el ciclo de vida del ser humano entre la infancia y la edad adulta; en el que influyen factores genéticos, biológicos, ambientales y sociales
Una optima práctica educativa consta de una estructura, ambiente emocional, control conductual, comunicación y transmisión de valores positivos; dónde se tome en cuenta el tipo de disciplina, características del adolescente y de los padres. Como ya se mencionó, la mayoría de los padres enseña a sus hijos de acuerdo a su vida previa; ejecutan un rol de padre o madre conforme a las normas, límites, creencias, valores y sociedad en que fueron formados; pues ciertamente no existen escuelas que enseñen a ser padres, pero muchos intentan ofrecer mejores oportunidades dando lo mejor, teniendo altas expectativas o simplemente basan un criterio de enseñanza dónde se permite la libertad sin límites o sin responsabilidad, o posturas rígidas dónde los padres no están dispuestos a ceder o perder el control pensando que los hijos deben simplemente acatar normas.
Diversas investigaciones mencionan distintos tipos educativos:
- Autoritario: los padres de este estilo se esfuerzan por controlar, evaluar el comportamiento y las actitudes de sus hijos adolescentes, acorde a los patrones rígidos y abundantes en cuanto a normas y exigencias establecidas. Los niveles de comunicación y afecto son bajos, no se explican ni consultan las reglas, pues suele tener mayor importancia el obedecer, respetar su autoridad, usar el castigo y medidas estrictas de disciplina.
- Democrático: el nivel de interacción, comunicación, afecto y control entre padres e hijos es alto. Los padres prestan atención, utilizan el razonamiento para dirigir y explicar lo ocurrido a sus hijos en cuanto a medidas punitivas, piden opinión, motivan a expresar y escuchar argumentos. Permiten que su hijo concientice sus conductas y tome decisiones; se recurre poco el castigo.
- Permisivo: se caracterizan por ser padres con un nivel bajo de control y exigencia, pero con un alto nivel de comunicación y afecto, confunden el aprecio aceptando cualquier comportamiento y conducta sin enfatizar responsabilidades y normas que permitan al adolescente tomar decisiones y tener un control emocional; por lo que recurren poco al castigo.
- Rechazo-abandono: es utilizado por padres que rechazan y son negligentes, no son receptivos ni exigentes, en pocas palabras sus hijos parecen serles indiferentes. Por tanto, la comunicación y el apego-afecto entre padres e hijos es distante, pues no hay normas ni vínculos que compartir. Son familias desestructuradas.
Actualmente muchos padres caen entre un estilo de crianza permisivo y autoritario, desean que sus hijos sean autónomos, libres, independientes y felices; sin embargo, esto ha ocasionado que pierdan su posición de padres, dónde su voz y postura ya no tiene lugar, han sido desplazados sin darse cuenta o simplemente permitieron que sus hijos tomarán partido y traspasaran los roles designados. Pues ahora los hijos son quienes ejercen un papel en cuanto a toma de decisiones y acciones sin consultar, para lo cual es muy probable que aún no estén preparados para poder visualizar las consecuencias de los actos ante el entorno social, amoroso, educativo, sexual, biológico, etc.; pues es una etapa en la que requieren de apoyo, ayuda, límites definidos y la dirección de los padres, una base sólida y estable, de no ser así, lo más probable es que se lleguen a sentir solos, abrumados y agobiados. Al parecer los padres están confundidos, ausentes, desapegados o poco interesados, pues cada vez hay más padres que presentan complicaciones para establecer límites a sus hijos adolescentes; por un lado, algunas figuras parentales expresan querer ver a sus hijos felices, pero por el otro algunos desean prohibir o castigar de una manera rígida bajo la que siempre tengan el control y marquen su autoridad, o simplemente se desapegan de su rol. Lo que es cierto es que en cualquier posición los padres forjan una relación distante, en la que no permiten espejearse y adquirir el aprendizaje importante para su desarrollo, coartando su desarrollo e identidad.
Quizá los tipos de paternidad, conlleve a cuestionar que es lo más correcto, pero sobre todo cómo hacer una paternidad democrática sin caer en lo permisivo o rígido; tal vez es una visión con distintas perspectivas. Pero lo que, si es claro, es que un hijo adolescente sin normas claras, ocasiona que el vínculo con sus padres y el modelo educativo se fracture.
Ofrecer siempre placer o satisfacción en la vida de los adolescentes genera frustración, irresponsabilidad, infelicidad, egoísmo y poca capacidad para comunicarse ante el mundo exterior, se fomenta impulsividad, exigencia impositiva, poca empatía; pues nada será suficiente aunque siga pidiendo desmedidamente, solo a través de la disciplina puede generar conciencia e identificación de las necesidades que requiere y desea, así como la importancia de esforzarse y satisfacción para conseguir las cosas. La libertad en exceso forjara a un dictador; aprender a decir no, permite que acepte y concientice consecuencias, riesgos, valores y responsabilidades; pues una vez que sale al mundo externo, la realidad es otra y debe enfrentarse a múltiples pruebas que quizá no pueda afrontar y/o resolver.
Algunas causas y consecuencias de comportamientos que suelen tener los padres con sus hijos adolescentes, y complican poner límites. (Nitsch & Schelling, 1998):
- Los padres no saben decir NO, temen parecer autoritarios: regularmente son figuras parentales que prefieren que sus hijos sean libres y espontáneos, y no sufrir presiones y prohibiciones; sin embargo, esto ocasiona que su estado emocional sea ambivalente e intolerante, una personalidad carente de confianza y seguridad que muestran ante una postura impositiva sin importan a quién sobrepasen.
- Los padres actúan conforme fueron educados: muchos padres educan conforme al modelo de sus padres, por lo que muchos desean corregir, componer o evitar experiencias que resultan complicadas y que no quisieran que sus hijos afrontarán, por lo que resulta difícil poner límites. Algunos por su parte quieren actuar autoritarios, otros sumisos (con temor). Muchos padres, aunque muestren desacuerdo en el actuar de sus hijos, prefieren no poner límites, ocasionando sentimientos de culpa, enojo, remordimiento y vergüenza; en algún momento los abuelos son quienes terminan educando.
- Los padres imponen límites estrechos: muchos padres no están dispuestos a cambiar su postura; algunos caen en la sobreprotección y excesiva permisividad cayendo en un alto nivel de temor por cuidar a sus hijos de cualquier peligro, impidiendo que su hijo pueda desarrollar su identidad, interactuar socialmente (pertenecer a un grupo), tomar decisiones y solucionar problemas. Algunos adolescentes toman una postura pasiva pues esperan a que sus padres resuelvan por ellos, ocasionando miedos, inseguridades y sin posibilidad de equivocarse.
- Los padres que dedican poco tiempo: son padres con remordimiento que buscan cubrir su escasa presencia ante actividades placenteras y grandes regalos. Por lo que tienden a rehuir de la educación, pues difícilmente el adolescente puede tener modelos de orientación, apoyo y ayuda, provocando que el vínculo de apego sea lejano, solos y desprotegidos. Este tipo de adolescentes es posible que se inmiscuya en ambientes de riesgo.
- Los padres no quieren prohibir: buscan que sus hijos sean libres, experimentados y autónomos, desando construir una relación amistosa con el adolescente evitando decidir y tomar órdenes, y permitiendo que su hijo adquiera responsabilidades para las que aún no se encuentra del todo preparado, sintiéndose agobiado, frustrado y solo.
- Padres que consienten exageradamente: el adolescente se convierte en el centro de la familia, todo gira a su alrededor; los padres complacen sus exigencias sin ninguna limitante, ocasionando que las exigencias sean cada vez mayores. Finalmente, son personalidades que difícilmente llegan a sentirse felices pues nada es suficiente y viven cada negación como algo intolerable, imponiendo su postura o cayendo en un trastorno emocional.
Por ello, es importante y necesario que los padres identifiquen, reconozcan, trabajen y evalúen los puntos positivos y negativos dentro de la estructura familiar, en este caso la reacción con su hijo. Lo importante es que puedan tomar medidas, estrategias y herramientas que permitan mejorar la relación entre padres-adolescente.
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Causas, consecuencias y tips para mejorar la calidad del sueño
¿Problemas para dormir?
El ciclo de sueño-vigilia es indispensable para mantener y reorganizar los circuitos neuronales, por lo que un adecuado periodo de sueño permitirá el adecuado funcionamiento del cerebro y su adaptación al ambiente.
La duración del ciclo sueño depende de la edad, y se compone de dos fases, siendo la segunda la más profunda del sueño, llamada “Movimientos oculares rápidos (MOR)”.
Cuando las personas presentan dificultades para dormir, se debe considerar la cantidad y calidad de las horas de sueño, e identificar si los problemas se presentan al inicio (conciliación) o en el mantenimiento (durante la noche). Para ello, es importante llevar a cabo un registro diario o bien, apoyarse de cuestionarios como el Índice de Calidad de Sueño de Pittsburgh.
Las causas más comunes son:
- Alteraciones respiratorias, cardiovasculares, miccionales, neurológicas, psiquiátricas
- Dolor corporal
- Ingesta de algún medicamento
- Cuestiones laborales: turnos nocturnos
- Abuso de sustancias: drogas, alcohol, tabaco
- Situaciones estresantes
- Actividades en cama: leer, trabajar
- Luz azul: exposición a dispositivos electrónicos
Las consecuencias de la privación de sueño se pueden dividir en tres áreas: fisiológico, cognitivo y afectivo.
Consecuencias fisiológicas:
- Fatiga excesiva y presencia de “microsueños” involuntarios
- Mayor probabilidad de desarrollar un trastorno mental
- Suprime el sistema inmune
- Dolor de cabeza
- Agotamiento
- Riesgo coronario
- Problemas de crecimiento
- Disminución de la temperatura corporal
- Disminución de reflejos en tiempo y precisión
- Mayor probabilidad de DM Tipo 2
- Obesidad
Consecuencias cognitivas:
- Dificultades en la atención y concentración
- Desgaste rápido ante tareas de esfuerzo, disminuye el rendimiento (laboral/escolar)
- Alteraciones en la capacidad de juicio, en la valoración de situaciones riesgo-beneficio
- Mayor rigidez cognitiva
- Alteraciones en el lenguaje, como la dificultad para recordar algunos nombres de cosas (anomias)
- Enlentecimiento cognitivo
- Fallas en la memoria de corto plazo y de trabajo
Consecuencias en la esfera afectiva:
- Alteraciones del humor
- Baja tolerancia a la frustración
- Irritabilidad
- Enojo
- Desmotivación
Por lo que es muy importante que se implementen acciones específicas para poder establecer una adecuada higiene del sueño, y descartar la presencia de un trastorno del sueño.
La higiene del sueño se puede definir como un conjunto de comportamientos y recomendaciones ambientales destinadas a promover el sueño saludable, a continuación se enlistan algunos tips para mejorar la calidad de su sueño.
Factores externos:
- Mantén una rutina para dormir, trata de mantener un horario y respetarlo
- No uses tu cama para leer, trabajar, ver la tele, celular, etc.
- Procura que tu cuarto esté oscuro, elimina todos los dispositivos que irradien luz
- Es importante mantener orden y limpieza en tu cuarto, tu cerebro percibirá que es un espacio de seguridad y descanso
Alimentación
- Evitar consumo de café, té, cacao
- Evitar nicotina, al menos 1hr antes de dormir
- Cuida que tu cena sea ligera
- Consume alimentos con:
- Vitamina b6, b1: germen de trigo, alimentos integrales, frutos secos
- Hidratos de carbono: cereales
- Triptófano: lácteos, plátano, pescado
Durante el día:
- Realiza actividad física, al menos 30 minutos
- Toma un tiempo para anotar pendientes, preocupaciones
- Si tomas siesta, que ésta sea antes de las 4pm y que no sobrepase los 30 minutos
- Antes de dormir, realiza ejercicios de relajación, respiración y estiramiento
Durante la noche:
- Si te despiertas, no veas la hora
- Si no puedes dormir, levántate. Realiza una actividad que no involucre el uso de aparatos electrónicos
- Si te ayuda, escucha música tranquila con volumen bajo
- Realiza ejercicios de respiración o mindfulness
- Si tienes problemas para dormir, realiza un registro del sueño
Si tienes alguna duda, no dudes en contactarnos para brindarte una mejor orientación e intervención.
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3 pautas para crear hábitos de estudio en nuestros niños
Cómo ayudar a nuestro hijo a establecer una buena rutina de estudio, sobre todo ahora que ya regresaron a clases en forma virtual, algo a lo que no estaban acostumbrados.
“Lo que más me cuesta es ponerme a estudiar, después, cuando empiezo, ya no me resulta difícil hacerlo” Esta es una de las frases que he escuchado a menudo a los niños y adolescentes, cuando hablamos de la importancia de estudiar cada día. Y es que crear un hábito de estudio en los niños supone establecer una garantía de éxito en la formación de nuestros hijos.
Un éxito que debe contener dos aspectos igualmente importantes: por un lado, el progreso en el aprendizaje y por el otro, unos buenos resultados en las calificaciones, siendo ambos imprescindibles para considerar que nuestro hijo progresa en su formación.
¿Cuál es la base que sustenta este progreso?
Por una parte, es el trabajo diario, que incluye el esfuerzo del niño, y por otro, el gusto por el aprendizaje que debe estar presente en toda su formación. En el fomento de ambos aspectos, los padres tenemos un importante papel.
Nuestra función educativa en el estudio incluye: animarle cuando lo necesite, establecer límites sobre lo que es beneficioso (por ejemplo, estudiar en silencio) y aquello que no lo es (por ejemplo, no es recomendable estudiar de noche); y también incluirá ayudarle a solucionar las dificultades. A todos estos aspectos suele enfrentarse cada padre y madre, cuando trata los aspectos formativos de su hijo o hija.
El recurso básico que garantiza el éxito al abordar toda esta labor educativa en el estudio es precisamente establecer una disciplina de trabajo, un hábito de estudio que nuestro hijo lleve a cabo con gusto y motivación. Este hábito le va a evitar los “atracones finales” para estudiar en los exámenes, así como le permitirá fijar los conocimientos del curso como un aprendizaje de base para su vida académica.
3 claves para lograr el éxito en el estudio de los niños
Estas tres pautas, nos ayudarán a crear un buen hábito de estudio en los niños:
- Crear una rutina diaria
Consiste en establecer una inercia de trabajo que el niño llevará a cabo durante la semana y que vamos a incorporar a la dinámica familiar.
Decidimos con él o ella lo que haremos por la tarde. Dependiendo de su edad, a partir de los 6 años en que empieza la Educación Primaria, establecemos el tiempo que va a dedicar al estudio. Cuanto más fijo sea este tiempo, mucho mejor para que el niño cree el hábito. Así, por ejemplo, como pauta estándar, podemos establecer que empieza a estudiar después de comer, habiendo tomado un descanso de máximo una hora. Cuando el niño entregue cada día, sus tareas y trabajos realizados, y vea la forma en que su profesor aprecia su trabajo con una buena nota o con un comentario favorable, irá viendo el valor de esta pauta y él mismo se animará a seguir. Generalmente una rutina realizada durante tres semanas suele establecerse como hábito de manera natural en el niño. Por tanto, es importante que nosotros facilitemos en la medida de lo posible que esa rutina no se vea alterada a menudo.
- Establecer un lugar fijo para estudiar
Los padres podemos ayudar a nuestros hijos a escoger un lugar dentro de casa, o en un rincón de su habitación, incluso podemos decorar a su gusto, preparando un lugar en el que nuestro hijo se sienta a gusto y libre de distracciones: un espacio que será destinado para este fin. En cualquier caso, será un lugar donde pueda colocar y organizar sus libros junto con el material escolar para tenerlo todo a mano. Saber que tiene este lugar fijo, le facilita ponerse a estudiar y a la vez le genera una sensación agradable de organización.
- Valorar el trabajo de nuestro hijo
La valoración y aprecio del esfuerzo continuado que nosotros le demos por el trabajo que ha hecho, va a facilitar que él continúe llevándolo a cabo. Una sencilla y sincera frase como “”te felicito, he visto que has hecho tus tareas y trabajos”, ahora puedes irte a jugar, acompañado de una expresión de satisfacción, ayudará a que al día siguiente nuestro hijo se siente de nuevo a la hora establecida para hacerlos.
Por último, recordemos que facilitar que el niño desarrolle este hábito, está generando a largo plazo que establezca la capacidad de concentración y de constancia que va a necesitar a lo largo de toda su vida, para conseguir cualquier meta a mediano y largo plazo, que merezca la pena.
Fuente: Disciplina positiva
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Padres frente al TDAH
El TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) es un trastorno de origen multifactorial, de carácter neuronal, biológico, psicológico y/o genético.
Pero ¿qué es el TDAH?:
“Es un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que interfiere con el funcionamiento o el desarrollo del niño.”
Los síntomas nucleares del TDAH se caracterizan por una inatención e impulsividad-hiperactividad, cada uno es independiente del otro. La sintomatología en cada niño varía, puede presentarse uno o los tres síntomas, o manifestarse una intensidad diferente en cada uno. Se divide en tres grupos:
Inatención
- Prevalece la falta de atención
- Comete muchos errores
- Se distrae con facilidad
- Pareciera que no escucha
- No sigue instrucciones
- Tiene dificultad para organizarse
- Pierde objetos y olvida actividades
- Se disgusta con facilidad
Hiperactividad-Impulsividad
- Predomina la hiperactividad motriz y la impulsividad
- Hiperactividad
- Excesivo movimiento corporal (manos y pies)
- Se levanta constantemente
- Corre o trepa por todos lados
- Habla en exceso
- Se inmiscuye o interrumpe conversaciones
- Impulsividad
- Busca satisfacción inmediata
- Tiene dificultad para guardar turno
- Responde abruptamente
- Interviene o interrumpe las actividades de otros
- No tiene conciencia del peligro
Combinado
- Predomina la combinación de los síntomas, déficit de atención, hiperactividad e impulsividad.
Sin embargo, los niños con TDAH tienen una alta probabilidad de que otros trastornos se asocien a esta patología, como:
- Trastornos de ansiedad y depresión
- Trastornos del aprendizaje
- Trastornos del comportamiento
- Trastornos de oposición desafiante
- Trastorno del espectro autista
Indudablemente este trastorno es una afección crónica que daña a millones de niños y niñas. A pesar de su alta prevalencia, la realidad es que socialmente enfrentamos un grave desconocimiento del trastorno. Uno de los pilares más golpeados por este padecimiento es la familia, los padres, quienes, ante el desconcierto, el desconocimiento, la falta de formación y de recursos; enfrentan grandes batallas (internas-externas) y retos.
El proceso psicoeducativo tiene por objetivo que los padres se informen y obtengan herramientas que les permitan conocer más de la patología, tratamiento farmacológico, estrategias para fortalecer conductas positivas y disminuir las indeseables. Pero sobre todo hay que enfatizar que su papel es imprescindible para el tratamiento y por ende para el desarrollo de sus hijos. Sin embargo, poco énfasis se ha hecho sobre el impacto que el TDAH tiene en el ámbito familiar, los padres, la relación de pareja y el vínculo padres-hijo. Con batallas, me refiero a aquellas guerras que debe enfrentar de manera específica cada uno de los integrantes de la familia, por un lado, internas (las emociones y los pensamientos) y por otro externas (la sociedad, la inclusión); aquellas con las que no es fácil trabajar y tienen un gran peso en el futuro del tratamiento.
La familia debe enfrentar una reestructuración, y eso requiere de mucho trabajo, esfuerzo, sacrificio y disciplina; pero sobre todo de una elaboración, concientización y aceptación profunda del trastorno; permitiendo que puedan mirar desde otra perspectiva el TDAH, pero sobre todo “aceptar a su hijo tal y como es”. Uno de los aspectos a mejorar y modificar en la dinámica, son los roles y las funciones, dónde el trabajo sea colaborativo y compartido, en el que ambos padres se responsabilicen y comprometan; y eviten hacer juicios o evaluaciones sobre quién ha aporto o ha hecho más.
Otro aspecto es el estilo educativo que usan los padres para la crianza de su hijo, muchas veces la incomprensión del trastorno los lleva a actuar de forma autoritaria tomando medidas de castigo rígidas para poder controlar el comportamiento de su hijo, o permisiva donde resulta difícil establecer límites y reglas. Creyendo que muchos de los síntomas tienen que ver con una actitud retadora, berrinchuda, desobediente y agresiva. Recordemos que los pilares en la educación es la comunicación, la expresión de emociones, el cumplimiento de roles y funciones, la disciplina, el apoyo y la resolución de conflictos.
Pero el dilema de todo esto es saber cómo se afecta el ambiente familiar, la relación de los padres y el vínculo padres-hijo. El ambiente familiar refleja tensión, conflictos y problemas emocionales. Por un lado, la interacción entre los miembros llega a ser negativa, ya que la relación del niño con sus padres o hermanos es conflictiva, resentida y fría. La calidad de vida familiar se ve quebrantada, muchos padres se sienten insatisfechos con la parentalidad tras la pérdida de una normalidad.
Hacerse cargo de un hijo con TDAH, es probable que forje un cumulo de emociones ambivalentes, sentimientos negativos sobre la paternidad. Anímicamente, los padres enfrentan un alto nivel de estrés, frustración, culpa y agotamiento; caen en una desesperación al pensar que podrían ser mejores padres si fueran capaces de educar correctamente o manejar el comportamiento de su hijo. Les preocupa pensar en la exclusión que enfrenta su hijo y probablemente ellos también en actividades escolares, familiares y sociales. Algunos estudios revelan que las madres de hijos con TDAH tienden a padecer depresión, son menos competentes y con más restricciones, mientras que los padres reflejan un elevado nivel de estrés y una relación conflictiva con el menor.
Por tanto, la relación de los padres ante el compromiso de educar a su hijo se inmiscuye en el modelo que cada progenitor tiene de sí mismo y lo que espera de su hijo. Sin embargo, ambos estilos de paternidad comienzan a reflejar diferencias y desacuerdos entre la pareja una vez que cada padre desea formar o corregir a su hijo de la manera que cree correcta o conveniente ante la problemática del TDAH, independientemente de lo que el otro diga, ocasionando discusiones e insatisfacción matrimonial (tensión parental y severidad de los síntomas del niño) y, en casos extremos, hasta el divorcio o la separación
Con lo anterior se puede mencionar que la relación de los padres y el hijo, en la mayoría de los casos es de naturaleza conflictiva. En gran medida los problemas se deben a la conducta del menor, la gravedad del trastorno y la persistencia de los síntomas. Sin embargo, mucho tiene que ver con el estilo de crianza que emplean los padres en casa, el estilo permisivo y autoritario ofrecen resultados negativos en el niño. Un procedimiento de disciplina inconsistente y coercitivo desencadena roles y funciones inestables, pensamientos negativos sobre la paternidad, baja autoestima, aislamiento social y sentimientos de culpa. Sin duda esta situación repercutirá en el desarrollo emocional del menor y su autoestima, creando círculos viciosos de interacciones negativas y sentimientos de fracaso, además de construir pensamientos de enojo hacía sí mismo, creyendo que todo es su culpa.
Sin lugar a duda, el TDAH es una tarea complicada que afecta a muchas familias, convirtiéndose en un gran obstáculo para la relación entre los padres y la relación con su hijo. Sin embargo, lo más importante de todo esto es que los padres tomen conciencia y recurran con los profesionales indicados. Finalmente, el objetivo es construir un ámbito familiar estable y funcional para el bienestar emocional, conductual y social del menor. Es importante mencionar que un vínculo seguro genera protección y estabilidad en el niño, el cual puede percibir a través de su madre y si padre víendolos positivos y como una fuente de sosten y apoyo, solo así es como lograra que el niño elabore una postura adecuada ante las situaciones conflictivas, la regulación y expresión de emociones, así como una mejor capacidad para enfrentarse al mundo social.
Los padres son modelos, los niños simplemente admiran e imitan…
Bibliografía
Asociación, A. P. (2013). Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM5. Inglaterra: Arlington, VA.
González R., Bakker L. y Rubiales J. (2014). Estilos parentales en niños y niñas con TDAH. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud. Vol. 12 (1), pp. 141-158. http://www.scielo.org.co/pdf/rlcs/v12n1/v12n1a08.pdf
Grau M. (2007). Análisis del contexto familiar en niños Con TDAH. (Tesis Doctoral). Universidad de Valencia. (Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación). http://roderic.uv.es/bitstream/handle/10550/15397/grau.pdf?sequence=1&isAllowed=y
Roselló B., García-Castellar R., Tárraga-Mínguez y Mulas F. (2003). El papel de los padres en el desarrollo y aprendizaje de los niños con trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Revista de Neurología. Vol. 36 (1), pp. 79-84.
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TDAH y tú. Shire Pharmaceuticals Ibérica S.L. Recuperado de: http://www.tdahytu.es/que-es/
Orjales I. (2007). Déficit de atención con hiperactividad. Manual para padres y educadores. Madrid: General Pardiñas.
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http://www.tdahytu.es/cosas-que-deben-saber-los-padres-de-ninos-con-tdah/
http://www.tdahytu.es/psicoeducacion-para-padres-en-el-tdah/
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Adultos Mayores y COVID-19
Por qué te llamó la atención leer este post?
Quizás por alguna de estas razones, o algunas otras no listadas, pero con las que te podemos ayudar:
- Porque tú eres un adulto mayor cuidando a otro adulto mayor.
- Porque eres un adulto mayor que tiene mucho miedo, angustia o depresión ya que has escuchado que por el COVID-19 los que se están muriendo primero son tus coetáneos.
- Porque estás pasando por un duelo ya que falleció un ser querido por COVID-19.
- Porque el paciente que cuidas es un adulto mayor y no desea acatar los lineamientos.
- Porque ya estabas mal de ánimo antes del COVID-19 y ahora aumentó.
- Porque estás solo y te falta el contacto con la gente que amas y antes del COVID-19 los podías visitar o llevabas una vida independiente.
- Porque no sabías que un adulto mayor podía recibir ayuda psicológica y mejorar, ya que todos siempre se lo achacan a la edad.
- Porque tienes alguien cercano en este rango de edad y crees que se podría hacer más por dicha persona, etc.
El parámetro de edad de la población adulta mayor es de 65 años en adelante. Existe una especialidad en Psicología llamada Psicogerontología y es la rama que trata a los adultos mayores y que no es muy conocida pero que con el alargamiento de la vida, gracias a los adelantos médicos y farmacéuticos, ésta se hace más necesaria para que el adulto mayor pueda disfrutar de buena salud mental en su edad madura y la gente que lo rodea también pueda tener a un ser querido más disfrutable y menos quejumbroso que aquel que no se atiende sus estados de ánimo.
En este momento puedes ser un adulto mayor cuidando a otro adulto mayor. Me imagino la responsabilidad que tienes sobre tus hombros, sin contar con las miradas y las diferentes opiniones, los que no ayudan, pero si reclaman y a lo mejor la poca colaboración que recibes sobre todo de los demás hijos del paciente. Si mientras vas leyendo opinas que esta es tu realidad o algunas, aunque no todas las listadas arriba están inmersas en tu vivir, necesitas ayuda para ti y dependiendo del caso para la familia, además es posible que esto siempre haya funcionado así pero ahora está la excusa ideal, no por que hay que prevenir el contagio del COVID-19.
En general todos tenemos pérdidas y hacemos los duelos de éstas muchas veces sin darnos cuenta y otras sin entender qué es lo que nos afecta, pero a medida que la edad avanza las pérdidas son mayores (nuevas enfermedades, caídas, menos recursos monetarios, mayor dificultad para desplazarse, etc) y afectan mucho más en el estado de ánimo o es más difícil resolverlas fácilmente. Esto puede llevar al adulto mayor a que una tristeza que antes podía superar ahora se convierta en una depresión, a que las angustias ahora se conviertan en miedos o terrores que no puede alejar, a tener más muertes de amigos o familiares y ver cómo se va quedando solo y si a esta normalidad le sumamos pérdidas por el terrible COVID-19 pues dicho adulto mayor va a tener menos posibilidades de resolver su estado de ánimo sin ayuda.
Esto no es exclusivo de los adulto mayor, también se puede dar en cualquier edad y género y mucho más por lo inesperado de una muerte por COVID-19, por un encierro por COVID-19, por no poder ir a clase ni ver a nuestros compañeros, por el confinamiento en general, por pérdida del trabajo, por que la relación ya estaba mal y ahora empeora, etc.
