
¿Qué es la felicidad?
Satisfacción, emoción, sentimiento, estado, equilibrio…
Gil & Muñoz (1917), definen la felicidad como una sensación con la vida que impregna y permanece durante periodos de tiempo más largos. Para ellos, es la forma más fácil de medir que también te va en la vida. Sin embargo, es difícil saber si realmente somos felices, ya que su concepción está íntimamente ligada a la personalidad y la experiencia de cada persona. Existen tantas variables que pueden aumentar o disminuir la felicidad que puede ser difícil identificarla.
Comencemos por la infancia, la etapa de vida que supuestamente debe ser una época llena de felicidad, pero en realidad ¿es así? Se podría afirmar que ¿todos los niños son felices? Un estudio, donde se analizó la felicidad de los niños, concluyó, que para los infantes, la felicidad, es un emoción intensa y pasajera, acompañada de relaciones sanas con sus figuras significativas. Un bebé que es recompensado de manera natural y segura a sus necesidades, desarrollará emociones placenteras que más delante se convertirán en estados de felicidad. Si las respuestas de los cuidadores primarios o figuras significativas presentan sincronía, reciprocidad (Craig, 1992) y empatía, seguramente, ese niño se sentirá feliz. De las misma forma, se asegura que para ser feliz, uno debe ser reconocido, legitimarlo como ser humano, aceptarlo como persona, validarlo y satisfacer sus motivaciones y necesidades.
Desafortunadamente, en los sistemas patriarcales, donde aún se sigue justificando la violencia, los niños y sobre todo las niñas son las más vulnerables. De manera premeditada interrumpen su inocencia y les arrancan esos momentos de felicidad, remplazándolos por displacer.
Los adultos, ligan más la felicidad, a lo que poseen. Desde la antigüedad, a la felicidad la asocian con la cobertura de las necesidades básicas.
Cabe mencionar que Aristóteles, refirió, que el fin supremo del hombre es la felicidad y no solo la satisfacción de los placeres. Destaca que “por su naturaleza todo ser humano, desea ser feliz, un deseo universal, ahora y antes; aquí y allá.” De allí que para Kant, la felicidad debía ser el fin universal de los hombres. Así, entre los kantianos, la felicidad no dependía del destino, ni de los demás, mucho menos de Dios, “sino del comportamiento y carácter propio de una persona”.
Para Lieberman (1970), define la felicidad como “la disposición y la actitud positiva que se tiene ante la vida”.
Se puede resumir, que para ser feliz, se debe tener una crianza sana, desapegarse de lo material y vivir la felicidad como los niños, en estados intensos y pasajeros que dependen de la actitud que le demos a nuestras experiencias de vida.
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