
Padres frente al TDAH
El TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) es un trastorno de origen multifactorial, de carácter neuronal, biológico, psicológico y/o genético.
Pero ¿qué es el TDAH?:
“Es un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que interfiere con el funcionamiento o el desarrollo del niño.”
Los síntomas nucleares del TDAH se caracterizan por una inatención e impulsividad-hiperactividad, cada uno es independiente del otro. La sintomatología en cada niño varía, puede presentarse uno o los tres síntomas, o manifestarse una intensidad diferente en cada uno. Se divide en tres grupos:
Inatención
- Prevalece la falta de atención
- Comete muchos errores
- Se distrae con facilidad
- Pareciera que no escucha
- No sigue instrucciones
- Tiene dificultad para organizarse
- Pierde objetos y olvida actividades
- Se disgusta con facilidad
Hiperactividad-Impulsividad
- Predomina la hiperactividad motriz y la impulsividad
- Hiperactividad
- Excesivo movimiento corporal (manos y pies)
- Se levanta constantemente
- Corre o trepa por todos lados
- Habla en exceso
- Se inmiscuye o interrumpe conversaciones
- Impulsividad
- Busca satisfacción inmediata
- Tiene dificultad para guardar turno
- Responde abruptamente
- Interviene o interrumpe las actividades de otros
- No tiene conciencia del peligro
Combinado
- Predomina la combinación de los síntomas, déficit de atención, hiperactividad e impulsividad.
Sin embargo, los niños con TDAH tienen una alta probabilidad de que otros trastornos se asocien a esta patología, como:
- Trastornos de ansiedad y depresión
- Trastornos del aprendizaje
- Trastornos del comportamiento
- Trastornos de oposición desafiante
- Trastorno del espectro autista
Indudablemente este trastorno es una afección crónica que daña a millones de niños y niñas. A pesar de su alta prevalencia, la realidad es que socialmente enfrentamos un grave desconocimiento del trastorno. Uno de los pilares más golpeados por este padecimiento es la familia, los padres, quienes, ante el desconcierto, el desconocimiento, la falta de formación y de recursos; enfrentan grandes batallas (internas-externas) y retos.
El proceso psicoeducativo tiene por objetivo que los padres se informen y obtengan herramientas que les permitan conocer más de la patología, tratamiento farmacológico, estrategias para fortalecer conductas positivas y disminuir las indeseables. Pero sobre todo hay que enfatizar que su papel es imprescindible para el tratamiento y por ende para el desarrollo de sus hijos. Sin embargo, poco énfasis se ha hecho sobre el impacto que el TDAH tiene en el ámbito familiar, los padres, la relación de pareja y el vínculo padres-hijo. Con batallas, me refiero a aquellas guerras que debe enfrentar de manera específica cada uno de los integrantes de la familia, por un lado, internas (las emociones y los pensamientos) y por otro externas (la sociedad, la inclusión); aquellas con las que no es fácil trabajar y tienen un gran peso en el futuro del tratamiento.
La familia debe enfrentar una reestructuración, y eso requiere de mucho trabajo, esfuerzo, sacrificio y disciplina; pero sobre todo de una elaboración, concientización y aceptación profunda del trastorno; permitiendo que puedan mirar desde otra perspectiva el TDAH, pero sobre todo “aceptar a su hijo tal y como es”. Uno de los aspectos a mejorar y modificar en la dinámica, son los roles y las funciones, dónde el trabajo sea colaborativo y compartido, en el que ambos padres se responsabilicen y comprometan; y eviten hacer juicios o evaluaciones sobre quién ha aporto o ha hecho más.
Otro aspecto es el estilo educativo que usan los padres para la crianza de su hijo, muchas veces la incomprensión del trastorno los lleva a actuar de forma autoritaria tomando medidas de castigo rígidas para poder controlar el comportamiento de su hijo, o permisiva donde resulta difícil establecer límites y reglas. Creyendo que muchos de los síntomas tienen que ver con una actitud retadora, berrinchuda, desobediente y agresiva. Recordemos que los pilares en la educación es la comunicación, la expresión de emociones, el cumplimiento de roles y funciones, la disciplina, el apoyo y la resolución de conflictos.
Pero el dilema de todo esto es saber cómo se afecta el ambiente familiar, la relación de los padres y el vínculo padres-hijo. El ambiente familiar refleja tensión, conflictos y problemas emocionales. Por un lado, la interacción entre los miembros llega a ser negativa, ya que la relación del niño con sus padres o hermanos es conflictiva, resentida y fría. La calidad de vida familiar se ve quebrantada, muchos padres se sienten insatisfechos con la parentalidad tras la pérdida de una normalidad.
Hacerse cargo de un hijo con TDAH, es probable que forje un cumulo de emociones ambivalentes, sentimientos negativos sobre la paternidad. Anímicamente, los padres enfrentan un alto nivel de estrés, frustración, culpa y agotamiento; caen en una desesperación al pensar que podrían ser mejores padres si fueran capaces de educar correctamente o manejar el comportamiento de su hijo. Les preocupa pensar en la exclusión que enfrenta su hijo y probablemente ellos también en actividades escolares, familiares y sociales. Algunos estudios revelan que las madres de hijos con TDAH tienden a padecer depresión, son menos competentes y con más restricciones, mientras que los padres reflejan un elevado nivel de estrés y una relación conflictiva con el menor.
Por tanto, la relación de los padres ante el compromiso de educar a su hijo se inmiscuye en el modelo que cada progenitor tiene de sí mismo y lo que espera de su hijo. Sin embargo, ambos estilos de paternidad comienzan a reflejar diferencias y desacuerdos entre la pareja una vez que cada padre desea formar o corregir a su hijo de la manera que cree correcta o conveniente ante la problemática del TDAH, independientemente de lo que el otro diga, ocasionando discusiones e insatisfacción matrimonial (tensión parental y severidad de los síntomas del niño) y, en casos extremos, hasta el divorcio o la separación
Con lo anterior se puede mencionar que la relación de los padres y el hijo, en la mayoría de los casos es de naturaleza conflictiva. En gran medida los problemas se deben a la conducta del menor, la gravedad del trastorno y la persistencia de los síntomas. Sin embargo, mucho tiene que ver con el estilo de crianza que emplean los padres en casa, el estilo permisivo y autoritario ofrecen resultados negativos en el niño. Un procedimiento de disciplina inconsistente y coercitivo desencadena roles y funciones inestables, pensamientos negativos sobre la paternidad, baja autoestima, aislamiento social y sentimientos de culpa. Sin duda esta situación repercutirá en el desarrollo emocional del menor y su autoestima, creando círculos viciosos de interacciones negativas y sentimientos de fracaso, además de construir pensamientos de enojo hacía sí mismo, creyendo que todo es su culpa.
Sin lugar a duda, el TDAH es una tarea complicada que afecta a muchas familias, convirtiéndose en un gran obstáculo para la relación entre los padres y la relación con su hijo. Sin embargo, lo más importante de todo esto es que los padres tomen conciencia y recurran con los profesionales indicados. Finalmente, el objetivo es construir un ámbito familiar estable y funcional para el bienestar emocional, conductual y social del menor. Es importante mencionar que un vínculo seguro genera protección y estabilidad en el niño, el cual puede percibir a través de su madre y si padre víendolos positivos y como una fuente de sosten y apoyo, solo así es como lograra que el niño elabore una postura adecuada ante las situaciones conflictivas, la regulación y expresión de emociones, así como una mejor capacidad para enfrentarse al mundo social.
Los padres son modelos, los niños simplemente admiran e imitan…
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